•Con el apoyo de Generalitat Valenciana e InteRed•
Con el objetivo de fortalecer el liderazgo y la participación social de adolescentes mujeres desde la vivencia del feminismo comunitario, se llevaron a cabo dos jornadas significativas, de formación en el municipio de Sucre, región quechua, en el marco del programa: “Promoción del derecho de niñas, niños y adolescentes de pueblos indígenas originario-campesinos a educarse en su propia lengua, cultura y con igualdad de género en un contexto de recuperación justa post-pandemia COVID-19”, impulsado por InteRed Bolivia con el apoyo de la Generalitat Valenciana.
El encuentro reunió a 19 señoritas de las unidades educativas Luis Espinal, La Barranca y La Palma, quienes, mediante el diálogo y la reflexión colectiva, cuestionaron los estereotipos, roles impuestos y formas cotidianas de violencia que experimentan. La metodología giró en torno a los cinco campos de lucha del feminismo comunitario: cuerpo, espacio, tiempo, memoria y movimiento. A través de ellos, las adolescentes reconocieron sus propias vivencias, la fuerza de sus ajayus y la importancia de recuperar los saberes que valoran la vida y la dignidad.
“Mayormente me motivó la capacitación que empezaron a dar, ya que con cada visita que hicieron en las unidades educativas me empecé a motivar más, porque la violencia contra la mujer es injusta, y creer que los hombres se creen superiores a las mujeres es algo injusto para mí, es lo que más me motivó para estar en este curso.”, compartió Carla Muñoz Bezios, Unidad Educativa Luis Espinal, visibilizando la naturalización de la violencia de género.
Durante la formación, se generaron espacios para construir una mirada crítica sobre estas realidades. Victoria Vela Quispe, estudiante de la U.E. La Palma, expresó: “Me motivó ver las violencias en las comunidades, que a las mujeres les tratan mal, y yo quisiera apoyarles, enseñarles que no deben permitir que las traten mal”.
Yolanda Zarate Canchi, del Colegio Luis Espinal, compartió su sensibilidad frente a la violencia, inspirada también por las películas que ve: “He visto cómo personas maltratan a sus hijas, como también a los animales. En las películas hay personas que se suicidan por el bullying y hombres que secuestran o violan a mujeres. Por eso me interesaría ayudar a las niñas a protegerse”.
A partir de la reflexión sobre los tipos de violencia y los factores culturales que los perpetúan, emergieron propuestas concretas de transformación. Las adolescentes se empoderaron para convertirse en gestoras comunitarias de cambio en sus comunidades educativas.
Desde la experiencia vivencial, las participantes identificaron también los aspectos personales que necesitan fortalecer. Carolina Ugarte Caballero, de la U.E. La Palma, mencionó: “Perder el miedo de hablar, aprender a tener menos inseguridades, amarme a mí misma, aceptarme como soy”.
Eugenia Sánchez Garrado, de la U.E. Luis Espinal, profundizó en su proceso: “Lo que más me llamó la atención fue hablar sobre los tipos de violencia. Creo que el campo más difícil para trabajar es la memoria, porque hay recuerdos muy tristes que te llenan de tristeza”.
Además de la reflexión, el encuentro concluyó con un acto simbólico en el parque Bolívar, donde las participantes elaboraron bolsos que utilizarán en la implementación de sus planes de acción, como símbolo de su compromiso con comunidades libres de machismo, miedo y estereotipos.
Las adolescentes también construyeron propuestas organizativas para incidir en sus comunidades educativas. Las estudiantes de la U.E. Luis Espinal plantearon, entre otras acciones, realizar patrullajes comunitarios nocturnos para mejorar la seguridad del pueblo, con participación de estudiantes, comunarios, policías y CEMSE. Otra propuesta incluye talleres breves en horas de clase para dialogar sobre el patriarcado y fomentar su despatriarcalización a través de juegos y dinámicas lúdicas, especialmente con estudiantes de sexto de primaria y primero de secundaria.
Este proceso formativo reafirma que el feminismo comunitario, desde su raíz vivencial y cultural, tiene el potencial de transformar vidas, fortalecer identidades y generar redes de resistencia frente al sistema patriarcal que aún persiste en nuestras comunidades.














“Ahora sí voy a poder decirle a la gente que está mal, le voy a enseñar a mis hermanos, a mis sobrinitas, que no está bien que le lastimen, que le pellizquen o que le traten mal”, concluyó con firmeza Victoria Vela Quispe, mostrando el impacto profundo de esta experiencia transformadora.
Desde el CEMSE reafirmamos nuestro compromiso con procesos educativos transformadores, que escuchen las voces de las adolescentes, que reconozcan sus saberes, emociones y luchas, y que promuevan comunidades educativas libres de violencias y con igualdad de género.
Autora: Pamela Agudo Goytia





